lo cielo de la luce


Lo cielo de la luce; es decir, el cielo del sol, definido con una perífrasis que pone de manifiesto su principal función, la de iluminar las cosas para que sean visibles. Según el sistema tolemaico, que Dante afirma seguir y que describe en Conv. II, III, 6-11,

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Según Tolomeo, son nueve los cielos móviles, cuya posición ha sido claramente determinada por medio de un arte llamado perspectiva, y vista, tanto empírica como racionalmente, con la aritmética y la geometría, así como por otras experiencias sensibles, como, por ejemplo, en el eclipse de Sol, donde se percibe claramente que la Luna está más cerca que el sol; o por el testimonio de Aristóteles sabemos que, según cuenta en el segundo libro Del Cielo y el Mundo, vio con sus ojos cómo la Luna, en su fase nueva, fue anteponiéndose por su lado oscuro a Marte y lo ocultó hasta que reapareció por su lado brillante, que daba a occidente. Este es el orden de los cielos: el primero que se cuenta es el de la Luna, el segundo el de Mercurio, el tercero el de Venus, el cuarto el del Sol, el quinto el de Marte, el sexto el de Júpiter, el séptimo el de Saturno, el octavo el de las Estrellas y el noveno es invisible [...] y muchos lo llaman Cristalino, es decir, diáfano o completamente transparente. Cierto es que, más allá de todos ellos, los católicos sitúan el cielo Empíreo, o lo que es lo mismo, un cielo de fuego o luminoso, y lo postulan inmóvil porque contiene dentro de sí, en cada una de sus partes, lo que su materia anhela: tal es la razón del vertiginoso movimiento del Primer Móvil, ya que el vehemente deseo que siente cada una de las partes de este noveno cielo, que está inmediatamente a continuación, de unirse con cada una de las partes de ese muy divino cielo inmóvil, hace que se precipite hacia el Empíreo con tal ímpetu que su velocidad es casi incomprensible. Tan quieto y pacífico es el lugar de esa suma Deidad, que es la única que se ve enteramente a sí misma. Es el lugar de las almas en gloria, según establece la Santa Iglesia, de la cual no puede emanar falsedad, y Aristóteles parece ser de la misma idea, si se lee atentamente el libro primero Del Cielo y el Mundo. Es el templo supremo del Universo, en el cual está incluido todo el Universo y fuera del cual nada hay, y no existe en ningún lugar, sino simplemente se formó en la Primera Mente, que los griegos llaman Protonoé. Es la magnificencia de la que habló el Salmista, cuando dice a Dios: 'Elevada sobre los cielos está tu magnificencia.

nueve esferas celestes concéntricas ruedan alrededor de la tierra, cada una con un planeta, que le da su nombre al cielo con el que se mueve (menos el octavo, el de las estrellas fijas, y el noveno, el primer móvil, que no tienen planeta epónimo). La apostilla (la sua 'propria girazione') sirve para indicar el movimiento circular, de un año de duración, que el cielo del sol cumple de oriente a occidente a lo largo de la eclíptica ("círculo máximo de la esfera celeste, que en la actualidad corta el Ecuador en ángulo de 23 grados y 27 minutos, y señala el curso aparente del sol durante el año", R. A. E.). Es el movimiento propio del sol (diferente del movimiento de revolución alrededor de la tierra que el sol realiza con todo el orbe celeste) en virtud del cual cada año el sol vuelve al mismo punto de la línea del horizonte.