a li miei occhi apparve prima


El primer encuentro, según Boccaccio (Trattatello in laude di Dante, 11-12) fue el día 1 de mayo, en ocasión de una fiesta en la casa de Folco Portinari, padre de la Bice con la cual el escritor identificaba a la Beatriz de Dante. La solemnidad astrológica con la que es evocada la primera aparición de la mujer refleja la importancia primordial de la visión inicial del objeto que desencadena el deseo, según Andreas Capellanus (cfr. De Amore, 1: "passio illa ex nulla oritur actione subtiliter veritate inspecta; sed ex sola cogitatione quam concipit animus ex eo quod vidit passio illa proceditur" [si buscas la verdad con exactitud, esta pasión no nace de acción alguna sino únicamente de la reflexión del espíritu a partir de aquello que ve]), y también según la fenomenología erótica axiomatizada por los líricos italianos: "li occhi in prima generan l'amore" (Giacomo da Lentini, Amor è uno disio,

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Giacomo da Lentini (1210-1260 aproximadamente), fue notario imperial de Catania e inspirador del movimiento poético surgido en la corte de Federico II, Emperador de Alemania y Rey de Sicilia. Transplantó en Italia la lírica trovadoresca, aportando significativas innovaciones al código del amor cortés. Por ejemplo, la supresión de la música, que favoreció una lectura de los texto líricos personal y meditativa (lo cual supuso la posibilidad de introducir en el análisis del deseo temáticas de tipo científico y filosófico). En segundo lugar, Giacomo inventó la forma métrica del soneto, que tendrá un éxito extraordinario en la poesía moderna europea. Su característica distribución de las estrofas, o sea, dos cuartetos que plantean una cuestión teórica y los tercetos que dan la solución, refleja el estilo argumentativo de un razonamiento filosófico (articulado según el esquema: tesis, antítesis, síntesis). Y, finalmente, a Giacomo le pertenece originalmente la idea de erotizar la escatología, esto es, de fundir el deseo sexual por una mujer con la felicidad esperada en el más allá (elemento ideológico propio del Islam y ajeno al cristianismo), fusión que Dante desarrolla sistemáticamente en la Vida nueva. Obsérvese la aparición del tema en este soneto:

Io m'aggio posto in core a Dio servire,
com' io ' potesse gire in paradiso,
al santo loco ch'aggio audito dire,
u' si mantien sollazzo, gioco e riso.

Sanza mia donna non li voria gire
quella c'ha blonda testa e claro viso,
ché sanza lei non poteria gaudere,
estando da la mia donna diviso.


Ma no lo dico a tale intendimento,
perch'io peccato ci volesse fare;
se non veder lo suo bel portamento,


e lo bel viso e '1 morbído a sguardare:
ché lo mi teria in gran consolamento,
veggendo la mia donna in ghiora stare.


[Me puse en corazón servir a Dios,
para poder entrar en Paraíso,
a este santo lugar del que oigo hablar,
donde dura el placer eternamente.


Pero no quiero ir sin mi señora,
la de cabello rubio y rostro claro,
porque sin ella no disfrutaría,
de mi señora alejado por siempre.


Mas no lo digo con mala intención,
de cometer con ella algún pecado;
sino ver solamente su figura,
a cara hermosa, sus dulces miradas:
sería para mí un enorme goce

a mi señora ver en su gran gloria.]

3; "[Amor] vèn da veduta forma..." (Guido Cavalcanti, Donna me prega, 21). Sobre el motivo de la primera mirada, que desencadena el deseo en los personajes novelescos, cfr. Rousset 1989, en particular las pág. 137-147. Una parodia de esta primera aparición de Beatriz se encuentra en el inicio de La Ben Plantada, de Eugeni d'Ors.

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Cal esmentar de bell principi el fet peregrí que l'aparició de la Ben Plantada al poble menut s'és acomplida de tan meravellosa faisó, que ningú avui no podria dir, malgrat ésser la bellesa de la minyona de les que criden l'esguard de pressa, ni com ella arribava allí, ni quan s'hi manifestava per primera vegada als ulls públics.

Eugeni d'Ors, La Ben Plantada, I,1 (De l'aparició de la ben plantada)

[Hay que mencionar desde un principio el extraño hecho de que la aparición de la Bien Plantada en medio del pueblo bajo se ha producido de manera tan maravillosa que nadie hoy podría decir, aunque la belleza de la chica fuera de las que llaman en seguida la atención, ni cómo ella llegó allí, ni cuándo se manifestó por primera vez a los ojos públicos.]

En su estricto sentido de epifanía de lo divino "sub specie erotica", describe la aparición de la mujer G. A. Bécquer (Rimas, XVII: "Hoy la tierra y los cielos me sonríen, / hoy llega al fondo de mi alma el sol, / hoy la he visto... La he visto y me ha mirado... / ¡Hoy creo en Dios!").