la gloriosa donna de la mia mente


Gloriosa porque, en el momento en el que Dante escribe, Beatriz está muerta, o sea, vive en la gloria del Paraíso. Aquí donna es tomado en sentido estrictamente etimológico: 'señora', o, mejor aún, 'dominadora' (de DOMINA), tal como explica más adelante, en latín precisamente, el pár. 4: "(el amor) dominabitur michi". En el cap. XXIV la distinción entre los dos sentidos de la misma palabra, 'mujer' y 'señora' es evidente: "una gentile donna, la quale [...] fue già molto donna di questo primo mio amico". El dominio que la mujer ejerce sobre el poeta desde el momento de su aparición expresa, en general, el carácter patológicamente obsesivo del deseo, que, una vez instalado en la mente en forma de imagen de la persona amada, se convierte en dueño de sus pensamientos y emociones –cfr. De Amore, I, 1.

[Contenido complementario]

Non quaelibet cogitatio sufficit ad amoris originem, sed immoderata exigitur; nam cogitatio moderata non solet ad mentem redire, et ideo ex ea non potest amor oriri.
Verus amans assidua sine intermissione coamantis imaginatione detinetur.

Andreas Capellanus, De Amore, I, 1 y VIII, 20

[Una reflexión cualquiera no basta para originar el amor, sino que es necesario que sea obsesiva, pues una reflexión moderada no puede volver a la mente, y, por lo tanto, de ella no puede nacer el amor.
El verdadero amante está continuamente obsesionado por la imagen de su amada.]

Una pintoresca descripción del comportamiento de los enamorados se encuentra en el tratado de Francisco López de Villalobos, Sentencias sobre el amor.

[Contenido complementario]

Los enamorados son desta manera, que la imagen de su amiga tienen siempre figurada y fixa dentro de sus pensamientos, por donde no pueden ocupar jamás la imaginación en otra cosa. En esta imagen y en las cosas anexas y tocantes a ella están transportados y rebatados todas las horas: con ella hablan, della cantan y della lloran; con ella comen y duermen y despiertan; a ninguna otra cosa responden a propósito, ni piensan que puede hablar nadie en otra materia sino en aquella.

Francisco López de Villalobos, Sentencias sobre el amor, en Pedro Cátedra, Tratados de amor en el entorno de Celestina (siglos XV-XVI), p. 230

Pero la reflexión sobre los aspectos psíquicos del amor, en el marco de una concepción exclusivamente mental del deseo, es desarrollada especialmente por Guido Cavalcanti, que en un soneto enviado a Dante (en respuesta al que luego será el primero de la Vida nueva) había escrito que el amor "tien ragion nel cassar de la mente" (Vedeste, al mio parere, 6), o sea, "mantiene su corte, y por lo tanto ejerce su dominio, en la parte más alta de la mente", condicionando así toda la actividad psíquica del sujeto. En los primeros movimientos de los Versos a Corina, de Machado de Assis,

[Contenido complementario]

Tu nasceste de um beijo e de um olhar. O beijo
numa hora de amor, de ternura e desejo,
uniu a terra e o céu. O olhar foi do Senhor,
olhar de vida, olhar de graça, olhar de amor;
depois, depois vestindo a fórma peregrina,
aos meus olhos mortais, surgiste-me, Corina!
de um júbilo divino os cantos entoava
a natureza mãe, e tudo palpitava,
a flor aberta e fresca, a pedra bronca e rude,
de uma vida melhor e nova juventude.
Minha alma adivinhou a origem do teu ser:
quis cantar e sentir; quis amar e viver;
a luz que de ti vinha, ardente, viva, pura,
palpitou, reviveu a pobre criatura;
do amor grande, elevado, abriam-se-lhe as fontes;
fulgiram novos sóis, rasgaram-se horizontes;
surgiu, abrindo em flor, uma nova região;
era o dia marcado à minha redenção.

[Tu naciste de un beso y una mirada. El beso
en una hora de amor, ternura y deseo,
unió la tierra y el cielo. La mirada fue del Señor,
mirada de vida, mirada de gracia, mirada de amor;
después, después vistiendo una forma peregrina,
a mis ojos mortales, te me apareciste, Corina!
De un júbilo divino los cantos entonaba
la naturaleza madre, y todo palpitaba,
la flor abierta y fresca, la piedra bronca y ruda,
de una vida mejor y nueva juventud.
Mi alma adivinó el origen de tu ser:
quiso cantar y sentir; quiso amar y vivir;
la luz que de ti venía, ardiente, viva, pura,
palpitó, revivió la pobre criatura;
del amor grande, elevado, abríansele las fuentes
fulguraron nuevos soles, se abrieron horizontes
surgió, abriéndose como una flor, una nueva región;
era el día señalado para mi redención.]

(que llevan en epígrafe un sintagma del cap. XXIII de la Vida nueva: "tacendo lo nome di questa gentilissima"), una parecida emoción religiosa acompaña la irrupción de la mujer deseada en la vida del poeta, y produce un análogo presentimiento de redención.