lo suo salutare


Obsérvese cómo la forma verbal ("lo suo dolcissimo salutare", "lo suo salutare"), en lugar de la nominal, carga el gesto de Beatriz de activo dinamismo. Una vez más, Dante tiene cuidado en manifestar su posición de objeto frente a ella (cfr., por un análogo movimiento expresivo, en el cap. III: "L'ora che lo suo dolcissimo salutare mi giunse..."). El capítulo siguiente explicará en todos sus detalles aquella transformación radical de la persona, producida por el saludo, que había sido anunciada en el cap. III (cfr. también, por los efectos del saludo en los demás, el cap. XXI: "dico sì come virtuosamente fae gentile tutto ciò che vede", "dico quello che poi virtuosamentre operava ne' loro cuori"; y el cap. XXVI: "dico di quelle cose che vertuosamente operava in altrui"), y que representa el auténtico significado, subversivo y modernizador, del culto de Beatriz. Obsérvese el radicalismo "antiestatal" con el que el tema de la virtud de la mujer vuelve en el Don Juan Tenorio, de José Zorrilla:

(Don Juan) Comendador,
yo idolatro a doña Ines,
persuadido de que el cielo
nos la quiso conceder
para enderezar mis pasos
por el sendero del bien.
No amé la hermosura en ella,
ni sus gracias adoré;
lo que adoro es la virtud,
don Gonzalo, en doña Inés.
Lo que justicia ni obispos
no pudieron de mí hacer
con cárceles y sermones,
lo pudo su candidez.
Su amor me torna en otro hombre,
regenerando mi ser,
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue.

José Zorrilla, Don Juan Tenorio, I, 4°

Interesante es aquí la dialéctica demonio/ángel, aplicada a don Juan y activada por doña Inés, cuya virtud no consiste simplemente en su naturaleza divina y en su apariencia angelical (cfr. también II, 2°: "Y está hermosa? – ¡Oh! Como un ángel"), sino en su milagrosa capacidad de divinizar a su perverso amante. En efecto, la moralización del cínico burlador de Sevilla que lleva a cabo la literatura del XIX es paralela a la potenciación de los rasgos metafísicos de la mujer.