non sapeano che si chiamare


Hay que entender: "Muchos la llamaron Beatriz sin saber que así ella realmente se llamaba". El uso de los tiempos pasados (fu chiamata, sapeano) depende del hecho de que Beatriz está muerta en el momento en que el autor escribe (como el lector ya sabe a través del adjetivo gloriosa), y toda la frase (que sustituye un banal "se llamaba") remite, con cierta ambigüedad, a la distinción entre el nombre de la mujer y el significado metafísico de tal nombre: muchos la llamaban Beatriz para dar a entender el efecto que su persona producía en ellos, y no sabían que éste era de verdad su nombre de pila. Puesto que "una definición es el concepto significado por el nombre" (Conv. III, xi, 1), Beatriz es definida como tal (o sea, "la que trae la felicidad") por muchos que no conocían aún su nombre. Para que la teoría etimológica funcione, como elemento de la estructura novelesca de la obra, es necesario que el nombre de Beatriz sea no simplemente un epíteto, que define la característica esencial de la persona, sino también nombre de pila. Incluso si se considera al personaje, y por lo tanto al nombre, como "un mito creado por Dante" (Curtius 1955, p. 540), interpretando la palabra beatrice a la luz del principio enunciado en el cap. XIII: "Nomina sunt consequentia rerum", hay que mantener, en la grafía, la mayúscula (y suponer una especial iluminación de los padres en el momento de bautizar a la niña). La palabra es usada como participio, sin embargo, en el soneto Deh peregrini, v. 12 (cap. XL). Vuelve a formular muy sugestivamente el enigma que envuelve el nombre de la persona deseada Carolina Coronado en El amor de los amores.

[Contenido complementario]

¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a ti, dulce amor mío,
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?...
A ti, sin nombre para mí en la tierra,
¿cómo te llamaré con aquel nombre,
tan claro, que no pueda ningún hombre
confundirlo al cruzar por esta sierra?

En Ligeia, de Poe el enigma del nombre se refleja en el olvido que envuelve en el misterio del apellido de la mujer (ahora, mientras escribo, me asalta como un rayo el recuerdo de que nunca supe el apellido de quien fuera mi amiga y prometida, luego compañera de estudios y, por último, la esposa de mi corazón. ¿Fue por una amable orden de parte de mi Ligeia o para poner a prueba la fuerza de mi afecto, que me estaba vedado indagar sobre ese punto?).