angiola


La analogía, característicamente estilnovista, entre la mujer amada y los ángeles del cielo (cfr. el cap. XXVI), fue desarrollada, inicialmente, por Guido Guinizzelli.

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Boloñés, de identificación dudosa, mayor que Dante, Guido Guinizzelli es indicado por éste como "padre / mio" (Purg. XXVI, 97-98), y considerado por la crítica actual como precursor o iniciador del "Dolce stil novo". En su poesía se observa un movimiento de progresivo alejamiento del sistema lírico anterior, hasta la constatación de una irreversible ruptura comunicativa entre los viejos rimadores y los nuevos (ruptura que Dante contará a su manera en la Commedia, haciendo que el poeta toscano Bonagiunta da Lucca pronuncie la fórmula, y declare el sentido innovador, del dolce stil novo -Purg. XXIV, 49-63). Su cancionero condensa los temas que entrarán a formar parte del repertorio estilnovista: la nobleza del sujeto que ama, la analogía de los fenómenos internos (psicológicos) con los externos (naturales), el saludo de la mujer amada, el sentimiento de la muerte estrechamente vinculado al impulso de deseo. La canción Al cor gentil rempaira sempre Amore es su texto más famoso y en ella se enuncia el moderno fundamento erótico (amor) de la dignidad personal (cor gentil), con una serie de analogías sacadas de la cultura científica y teológica, que culminan, en la última estrofa, con la similitud entre la mujer amada y un ángel del cielo, lo que abriría camino a las posteriores lecturas teológicas y místicas del deseo, aún muy presentes y activas hoy en día en nuestra cultura literaria:

Donna, Deo mi dirà: "Che presomisti?",
sïando l'alma mia a lui davanti.
"Lo ciel passasti e 'nfin a Me venisti
e desti in vano amor Me per semblanti:
ch'a Me conven le laude
e a la Reina del regname degno,
per cui cessa onne fraude".
Dir Li porò: "Tenne d'angel sembianza
che fosse del Tuo regno;
non me fu fallo, s'in lei posi amanza".

[Mujer, Dios me dirá: "¿Cómo has osado?",
cuando mi alma Le estará delante.
"Cruzaste el cielo y llegaste hasta Mí
y en vano amor buscaste mi imagen:
son mías las alabanzas,
y de la Reina de este Paraíso,
que los vicios destruye".
Yo le diré: "Se parecía a un ángel
que fuera de Tu reino;
no cometí pecado amando a ella".]

La sublimación religiosa de la mujer es el reflejo, en el objeto de deseo, de la elevación del rango intelectual de la poesía vulgar, que gracias a Guinizzelli entra en los campos de la alta cultura filosófica y teológica. Pero, al mismo tiempo, representa el mito más característico de la literatura moderna, que invierte la jerarquía masculino-femenino característica de la antigüedad, otorgando a la mujer una primacía ontológica en la que se fundamenta su primacía estética. El tema entra con fuerza en la literatura española con el Marqués de Santillana,

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El vuestro angélico viso
por çierto non debe nada
al que la sancta embaxada
descendió del parayso.

Non es humana la lumbre
que de vuestra faç procede:
a toda beldat exçede.
Expresando çertidumbre,
fuente de moral costumbre,
donçella purificada,
do quiso façer morada
la discreta mansedumbre.

Marqués de Santillana, Desçires. En loor de la Reina de Castilla

y progresivamente en toda la literatura europea. Obsérvese la continuidad del mito, en el ámbito francés, hasta Balzac.

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Si l'auteur continue d'accorder, malgré les critiques, tant de perfections à la femme, il pense encore, lui jeune, que la femme est l'être le plus parfait entre les créatures. Sortie la dernière des mains qui façonnaient les mondes, elle doit exprimer plus purement que toute autre la pensée divine. Aussi n'est-elle pas, ainsi que l'homme, prise dans le granit primordial, devenu molle argile sous les doigts de Dieu; non, tirée des flancs de l'homme, matière souple et ductile, elle est une création transitoire entre l'homme et l'ange. Aussi la voyez-vous forte autant que l'homme est forte, et délicatement intelligente par le sentiment, comme est l'ange.

Balzac, Eugénie Grandet (epílogo de la edición original)

[Si el escritor sigue otorgando, a pesar de los críticos, tantas perfecciones a la mujer, es porque aún piensa, él que es joven, que la mujer es el ser más perfecto entre las criaturas. Puesto que ella salió la última de las manos que moldearon los mundos, debe expresar más puramente que cualquiera el pensamiento divino. Además, ella no está tomada, como el hombre, del granito primordial, convertido en blanda arcilla bajo los dedos de Dios; sacada de los costados del hombre, materia flexible y dúctil, es una criatura de transición entre el hombre y el ángel.]

Muy pertinente, al respecto, es la observación de Paul Valery (Cahiers, II, p.459): "L'amour comme création artistique est dû au moyen âge qui d'une part l'a revêtu d'une espèce de sainteté (Laure, Béatrice) – et de l'autre l'a paré de la sombre couleur du péché" [El amor como creación artística es un invento de la Edad Media, que por un lado lo ha revestido de una especie de santidad (Laura, Beatriz) –y por el otro lo ha guarnecido del sombrío color del pecado]. Justamente la ambivalencia entre religión y profanación caracterizó, en efecto, el culto poético de Beatriz, que aglutinó, en 1848, a los fundadores de la Preraphaelite Brotherhood,

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La Hermandad Prerrafaelita fue una asociación de pintores, poetas y críticos ingleses, fundada en 1848 en Londres por John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt. La Hermandad duró como grupo constituido apenas un lustro, pero su influencia se dejó sentir en la pintura inglesa hasta entrado el siglo XX. Los prerrafaelitas rechazaban el arte académico predominante en la Inglaterra del siglo XIX. Según su punto de vista, la pintura académica imperante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Miguel Ángel, con composiciones elegantes pero vacuas y carentes de sinceridad. Por esa razón, ellos propugnaban el regreso al detallismo minucioso y al luminoso colorido de los primitivos italianos y flamencos, anteriores a Rafael (de ahí el nombre del grupo), a los que consideraban más auténticos. Sus obras evocan un pasado mágico, unas mujeres bellas y misteriosas poseedoras de un encanto a veces casi divino y un alo de misterio rodean la composición de sus obras.

(Extraído de <www.lilith222purpura>).

y que entró como elemento sentimental casi obligatorio de las estéticas simbolistas y decadentes (cuyo ejemplo paradigmático es la novela de Gabriele D'Annunzio, El placer, de 1889), además de alimentar interpretaciones de tipo esotérico de la poesía de Dante.