nobilissima vertù


La imagen de Beatriz tenía un poder (virtù) tan noble, o sea elevado y alejado de toda vulgaridad sensual, que nunca toleró que el deseo de ella fuera contrario a los dictados de la razón. Para apreciar el tipo de parodia que el mito Beatriz vehicula, hay que considerar el tema teológico del poder de la imagen de Dios en la mente, por ejemplo en Agustín.

[Contenido complementario]

Haec dixi, ut etiam tardiores, quamvis breviter, commonerentur a me, in quorum oculos vel aures hae litterae venerint, quantum mens diligat se ipsam etiam infirma et errans, male diligendo atque sectando quae sunt infra ipsam. Diligere porro se ipsam non posset, si se omnino nesciret, id est, si sui non meminisset; nec se intelligeret: qua in se imagine Dei tam potens est, ut ei cuius imago est valeat inhaerere. Sic enim ordinata est naturarum ordine, non locorum, ut supra illam non sit nisi ille.

Agustín, De Trinitate, XIV, 14, 20

[He dicho esto para hacer comprender en breves razones a los de ingenio más tardo, a cuyos oídos u ojos pueden estos escritos llegar; y pueden ver cuánto se ama el alma (mens) a sí misma, aunque flaca y equivocada, al perseguir y amar mal las cosas que son a ella inferiores. No se podría amar si se desconociese por completo, esto es, si no se acordase de sí y no se conociera. Esta imagen de Dios es tan potente en ella, que puede adherirse a aquel de quien es imagen, y es tal su naturaleza, que en la jerarquía del orden natural, no en el espacio, sólo El está por encima de ella.]