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Estudios tematológicos. Ética del deseo y culto a la mujer en la Vita nuova.

Autoría: Raffaele Pinto
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Introducción


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Dante escribió la Vida nueva alrededor de 1293, a los 28 años de edad, en la misma época en la que emprendía la carrera política que le llevaría a la derrota (de su partido) y al exilio (después de ocupar cargos de gobierno en el Comune de Florencia), en el año 1302. La obra es el resultado y la síntesis de una actividad literaria que abarca aproximadamente una década, y que hasta entonces se había desplegado enteramente en el ámbito de la lírica, como era costumbre entre los italianos que tenían estudios desde que el emperador suabo Federico II, rey de Sicilia en 1196 y emperador en 1220 (hasta su muerte, en 1250), impuso a sus cultos dignatarios la moda de hacer rimas al estilo trovadoresco (entre 1233 y 1234 podría haber empezado la actividad lírica de la primera escuela poética italiana: la scuola siciliana).

Procedente de una familia noble sin grandes recursos económicos y muy integrada en el estilo de vida burgués (el padre era prestamista), la primera instrucción de Dante tuvo que ser parecida a la de cualquier joven encaminado a vivir de una profesión liberal. Funcionarios de una corte o un comune, los intelectuales de las ciudades italianas tenían, generalmente, una formación universitaria de tipo jurídico, que suponía estudios, al menos elementales, de teología, filosofía, medicina y retórica. Según el testimonio del Convivio (II, xii, 7), Dante frecuentó centros de estudios superiores entre 1290 y 1292 (dominicos y franciscanos tenían en Florencia sendos studia). Pero su actividad propiamente lírica, que desde los inicios refleja una curiosidad intelectual sin límites, empieza, según la Vida nueva (cap. III), en 1283. En el canto XV del Infierno, en efecto, se alude con añoranza y gratitud a la enseñanza que el poeta recibió de Brunetto Latini, recordado por los contemporáneos como un maestro para los florentinos, y cuya obra más importante (un tratado enciclopédico escrito en francés, Li livres dou Trésor) refleja por un lado la intensa circulación de experiencias intelectuales que integraba en un saber global los diferentes ámbitos de conocimiento, y por el otro la estrecha conexión entre retórica y política, muy característica de la cultura italiana de la época. En efecto, la falta de suficientes rentas patrimoniales y las necesidades económicas de la familia (el poeta se había casado con Gemma Donati, alrededor de 1285, de la cual tuvo tres o cuatro hijos) le obligaban a ejercer una profesión, y la carrera de funcionario público en las instituciones de la ciudad era la más acorde con sus inclinaciones literarias. Pero las duras leyes antiseñoriales de Florencia (los ordinamenti di giustizia con los que la rica burguesía florentina penalizaba, desde el año 1293, a la feudalidad ciudadana) obligaban a los aristócratas a formar parte de una corporación profesional, si querían ocupar cualquier cargo en la administración del Comune. Así que el poeta se inscribió, en 1295, en el "arte de los médicos y especieros", una de las siete artes mayores de Florencia. Algunas de sus intervenciones quedan reflejadas en las actas correspondientes y ponen de manifiesto una apasionada participación en los asuntos políticos de la ciudad y una gran independencia de posicionamientos. Todos los indicios relativos a su vida cultural y profesional apuntan, así, a una formación intelectual muy amplia y diversificada, determinada, en sus pautas, por contingencias públicas y privadas que debieron cargarla de un intenso sentido de la responsabilidad personal y colectiva.

El ejercicio lírico, paralelo a la profesión y sin finalidad de lucro, además de instrumento de diversión para espíritus refinados, era también, en la época, seña de identidad de un grupo social en expansión, una burguesía intelectual que, impulsada inicialmente por la política anticlerical del emperador, se disponía a sentar las bases de una nueva mentalidad que reflejara los cambios generados por el desarrollo económico de las ciudades, cuyas instituciones evolucionaban, en medio de violentos conflictos, hacia ordenamientos cada vez más incompatibles con el feudalismo. Así describe Hans Baron este cambio de mentalidad:

Una de las principales causas de la peculiar evolución italiana lo fue la historia de su nobleza. Desde los principios de la Edad Media, en grandes partes de la península no se produjo una separación feudal duradera entre la clase burguesa y una clase caballeresca que monopolizó el liderazgo político, militar y cultural. Al menos en la Italia del norte y del centro, donde el emperador y el papa eran los únicos, aunque débiles, 'superseñores', la mayoría de las urbes se habían desarrollado como ciudades-Estado –desde fechas muy tempranas– que, de facto, aunque no legalmente, eran independientes –las únicas repúblicas del mundo occidental antes del siglo XVII, salvo una cuantas ciudades-Estado y cantones rurales de Suiza. La nobleza terrateniente fue obligada a mudarse a las ciudades cercanas cuyas clases comerciantes eran los gobernantes, especialmente en Florencia, y se hallaban por regla general, hacia el siglo XII, dedicadas al comercio de larga distancia y a la manufactura de paños de lana, la primera de las grandes industrias exportadoras europeas. Gracias a esta congregación, dentro de las murallas de una sola ciudad, de segmentos importantes de la nobleza italiana y de los grupos de comerciantes e industriales principales, se formó una sociedad civil relativamente integrada más pronto que en cualquier otro lugar de Europa, donde el equilibrio osciló gradualmente fuera del alcance del elemento y la tradición caballeresca. Cuando la poesía amorosa de los trovadores provenzales fue expropiada y adaptada por este patriciado urbano italiano, comenzó a perder su forma tradicional y a asumir un carácter más simple, más personal y más natural; tal era la tendencia de la literatura italiana de la época de Dante.

Hans Baron (1993). En busca del humanismo cívico florentino. Ensayos sobre el cambio del pensamiento medieval al moderno (pág. 273). México: Fondo de Cultura Económica.

A finales del siglo XIII, la intelectualidad florentina representa la vanguardia de un movimiento modernizador que en toda Italia está transformando la sociedad y la cultura, y que usa el discurso y los códigos de la poesía para ensayar la plausibilidad ideológica de los nuevos valores que van impregnando la sociedad. La lengua de esta lírica (vulgar) y su temática (erótica) manifiestan la procedencia laica de estos intelectuales, que en su enorme mayoría se han ido distanciando de la Iglesia (detentadora, en la época, del monopolio de la enseñanza) y aspiran a sustituir a los clérigos en el control de las instituciones y en la producción científica y literaria, según el modernísimo modelo de estado que Federico II había experimentado, en áspero conflicto con el papado, en el sur de Italia (la promoción del aristotelismo, ampliamente entendido como autonomía del conocimiento frente al dogmatismo de la autoridad religiosa, es el aspecto más destacable y conflictivo de la política cultural del emperador).

Los poemas compuestos por Dante a partir de 1283 son muy representativos de los estilos y temas de esta lírica culta, originariamente siciliana y luego panitaliana, que se inspiraba en los maestros provenzales con gran libertad de iniciativa, adaptando el código literario de los trovadores a una realidad mucho más desarrollada, social y culturalmente, que las cortes de Provenza (sobre todo después de que éstas fueran arrasadas por la cruzada contra los albigenses, entre los años 1208 y 1229). En poco más de medio siglo, a partir de la formación de la escuela poética siciliana, alrededor de 1235, la lírica cortés había experimentado una serie de innovaciones que marcarían de forma duradera la evolución de la poesía italiana y europea. Eliminada la música y la ambientación feudal con sus ceremoniales cortesanos y personajes tópicos (el senhal, el gilós, los lauzangiers), la inspiración se había concentrado en el análisis de la pasión y en el significado moral del deseo, lo que suponía una producción textual no destinada a rituales mundanos y colectivos (el canto de un juglar para el público de un castillo o una corte), sino a la lectura y la meditación individuales. La invención siciliana del soneto, cuya estructura estrófica reproduce la dialéctica argumentativa de la quaestio escolástica, introduce en el sistema ideológico del género lírico una función crítica de distanciamiento y racionalización de la pasión erótica, y refleja en el plano de las formas métricas, el diferente y superior rango doctrinal al que ahora aspira la poesía lírica. En su inspiración intervienen ahora, esporádica o sistemáticamente, religión, filosofía, ciencia y política, como aspectos de una reflexión que, en su globalidad, busca las raíces morales de la subjetividad personal, planteando la exigencia de su autonomía y su liberación de las servidumbres materiales e ideales características de la época medieval. Si el "amor cortés" era una ideología nacida en el ambiente de una aristocracia feudal en crisis de identidad, que trataba de renovar su imagen y sus comportamientos, el eros cultivado por los italianos tenía la inaudita pretensión de modificar y modernizar la cultura literaria en su conjunto, creando un nuevo tipo de aristocracia intelectual, ajena a todo espíritu de casta y abierta a cualquiera que lo mereciera, basada en valores mucho más interiores (es decir, de comportamiento y mentalidad) que exteriores (como podían serlo la adscripción a un grupo social o el ejercicio de una actividad económica o política). La lírica se convertía así en el género literario ideológicamente más innovador, en cuyo marco se llevaría a cabo una experimentación, poética y antropológica a la vez, que, irradiándose progresivamente hacia los demás géneros (incluidos la literatura religiosa y el tratado filosófico o científico), abriría a toda la sociedad europea las puertas de la modernidad.

En relación con los diferentes
contextos geográficos y políticos
, había en esta lírica italiana del siglo XIII una gran variedad de

registros de estilo que diversificaban notablemente el panorama literario. El lenguaje oscila entre el refinamiento de una escritura muy estilizada (como en Giacomo da Lentini, primero de los poetas sicilianos, y Guido Cavalcanti, "primer amigo" de Dante), y amplias concesiones al habla cotidiana, usada para crear efectos de expresividad, parodia o incluso violencia verbal (como en Guittone d'Arezzo y Cecco Angiolieri, florentino). El registro conceptual puede ser muy plebeyo o sencillo, como en Cielo d'Alcamo y la Compiuta Donzella de Florencia, o muy elevado y complejo, como en el siciliano Guido delle Colonne y el boloñés Guido Guinizzelli. Pero en todos hay la persuasión, o la ilusión, de estar creando valores que modificarían la cultura tradicional. La polémica que se desató a finales de siglo sobre los contenidos conceptuales de la literatura y sobre su rango intelectual, que separó la vanguardia del movimiento (el llamado dolce stil novo) del resto de los escritores, es el testimonio más elocuente de la madurez alcanzada en pocas décadas por la poesía italiana en su conjunto.

En el momento de emprender la redacción de la Vida nueva, Dante había explorado en todas las direcciones el ámbito temático que la tradición literaria románica había deslindado. Las secciones en las que los editores modernos suelen dividir el conjunto de sus Rimas reflejan esta pluralidad de experiencias agrupando poemas homogéneos por estilo o contenidos: la Tenzone con Forese (un grupo de sonetos intercambiados con un amigo florentino, Forese Donati, llenos de insultos y obscenidades), las Rimas alegóricas y doctrinales (que inspirarán el gran tratado de divulgación filosófica del Convivio), las Rimas estilnovistas (de tono e intensidad casi religiosos, que entrarán en gran parte en el texto de la Vida nueva), las Rimas petrosas (que investigan los aspectos más violentamente pasionales del deseo), las Rimas de correspondencia con muchos poetas contemporáneos (que reflejan el componente densamente dialogístico y polémico de la lírica italiana del siglo XIII). A este conjunto muy variado de poemas hay que añadir una serie de 232 sonetos que reproducen la trama del Roman de la rose, una obra francesa de amplia difusión en la época, que describe, en lenguaje alegórico convencional y en tono paródico de epopeya, la aventura moral y sentimental de la seducción. Con razón se ha calificado como "experimentalismo" esta curiosidad poética que le hace ensayar todos los registros formales y conceptuales de la lírica.

Referencia bibliográfica

Domenico De Robertis, Gianfranco Contini(1984).
Opere minori ("Introducción", tomo I,
parte I). Milán-Nápoles: Ricciardi.


Existe, sin embargo, en las Rimas, una constante que, desde un principio, unifica la pluralidad de los temas y la variedad de los estilos. Por muy diferentes que sean unos y otros, Dante siempre trata, en su lírica, una idea. La indica con precisión el mismo autor en el capítulo XXV de la Vida nueva, que representa una mirada de conjunto sobre la literatura en vulgar, hermenéuticamente interrogada sobre sus orígenes y significado:

Lo primo che cominciò a dire sì come poeta volgare, si mosse però che volle fare intendere le sue parole a donna, a la quale era malagevole d'intendere li versi latini. E questo è contra coloro che rimano sopra altra matera che amorosa, con ciò sia cosa che cotale modo di parlare fosse dal principio trovato per dire d'amore.
[El primero que comenzó a hablar como poeta vulgar, lo hizo porque deseaba hacer entender sus palabras a su señora, a la que era costoso entender los versos latinos. Y esto va en contra de aquellos que riman acerca de otra materia que no sea amorosa, porque tal modo de hablar fue desde el principio encontrado para hablar de amor.]

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Texto de la Vita nuova

Texto de la Vita nuova

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