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Estudios tematológicos. Ética del deseo y culto a la mujer en la Vita nuova.

Autoría: Raffaele Pinto
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Introducción. Página 4


La invención de Beatriz, sin lugar a dudas el mito moderno más difundido y productivo en la literatura europea hasta nuestros días, representa una auténtica revolución de la mentalidad, ya que en ella convergen, y se secularizan, valores anteriormente transmitidos y legitimados por la religión, y ahora disponibles, finalmente, para una exégesis completamente laica y radicalmente personal. En particular, la función salvadora y redentora del cristianismo es absorbida por el nuevo mito femenino (como el mismo nombre de Beatriz indica), y todo el sistema ideológico que tenía en la soteriología de Cristo su centro ideal, se convierte en un programa laico de intervención activa y creadora sobre el sentido del mundo, reconstruido a partir, y en el marco, de la relación de deseo entre un hombre y una mujer, que desde la más honda intimidad de la persona poetiza el mundo con la palabra que genera:

Noi ti preghiamo che tu ne dichi ove sta questa tua beatitudine'. E io rispondendo lei dissi cotanto: 'In quelle parole che lodano la donna mia.
[Te suplicamos que nos digas dónde se encuentra esta tu bienaventuranza. Y yo, respondiéndola, dije de este modo: En las palabras que alaban a mi señora.]

En este pasaje del capítulo XVIII, Dante enuncia en términos de poética (la "poética de la alabanza") el aspecto más innovador de su concepción del amor; o sea, la desvinculación del deseo de su objeto físico (la mujer en carne y huesos) y su reorientación hacia la palabra que lo celebra o conmemora, palabra que el sujeto siente como radicalmente propia, y que finalmente puede usar como instrumento de proyección y realización en el mundo. El alejamiento del objeto físico, que la muerte volverá irreversible, libera el poder creador de la palabra y la consiguiente autonomía del sujeto individual, cuya felicidad ya no depende de una palabra ajena, el saludo que la mujer arbitrariamente otorga o niega, sino de la personal capacidad de entender cabalmente y expresar persuasivamente su propio proyecto de vida. Por otro lado, el carácter visual y, en cierto sentido, visionario de la experiencia del deseo, supone un cambio en la percepción estética del mundo que, a la larga, transformará el entorno social cultural del hombre occidental, entronizando la imagen como vehículo privilegiado de emociones e informaciones. El deslumbramiento que la aparición de Beatriz produce en su amante prefigura una cultura enteramente volcada en la producción y el consumo de imágenes tecnológicamente reproducidas.

La enormidad de este proyecto (que pronto se convertirá en modelo ineludible para todos los escritores modernos) y la provocación que supone para una cultura de tipo religioso, resultarán evidentes con sólo pensar que su fundamento moral, el principio cristológico que ordena el universo y justifica la presencia en él del sujeto poético, no es otra cosa que una simple mujer, una muchacha florentina de la cual el escritor se enamoró (ni siquiera la única), y a la cual encomienda la tarea de rescatar poéticamente su existencia de la angustia a la que los inflexibles imperativos del deseo le han condenado ("Ego dominus tuus", son las primeras palabras que el fantasma del amor, parodiando el Decálogo, le dice en un sueño al poeta aterrado). El capítulo XXIV, que desarrolla el tema de la relación analógica entre Beatriz y Cristo, enuncia con otra parodia de carácter igualmente blasfemo el procedimiento de sustitución de un mito, religioso y convencional, por otro, erótico y personal.

A partir de la Vida nueva quedará legitimado todo tipo de fusión entre la experiencia erótica y la experiencia religiosa, de manera tal que por lo menos hasta el Renacimiento poetas y filósofos coincidirán en asumir el deseo como tema esencial de reflexión. La sublimación religiosa del ser querido recorre, en efecto, la literatura moderna desde la Vida nueva hasta hoy en día, independientemente de la cultura teológica de las distintas épocas, y constituye, por lo tanto, un ámbito temático privilegiado para apreciar la singularidad de la cultura literaria moderna europea en relación con la antigua y con las no europeas. El personaje de Beatriz representa el arquetipo de las innumerables figuras femeninas en las que se ha concentrado la investigación poética de escritores y artistas, buscando en ellas un factor de redención sustitutivo de Cristo (el "eterno femenino" que Goethe indica, al final del Fausto, como motor de trascendencia), y una proyección de su propia subjetividad que la justifique en su autonomía ética y simbólica. Incuso el cine ha integrado en sus propios códigos figurales e ideológicos el mito de Beatriz, representándolo incesantemente bajo muchos y muy distintos disfraces (como podemos fácilmente observar, por ejemplo, en la obra de Federico Fellini y Michel Radford).

La virtud modernamente secularizadora de Beatriz no tiene precedentes en la literatura universal, y esto es lo que explica la constante vigencia estética de la Vida nueva, bien presente y activa en la memoria literaria de cualquier escritor contemporáneo. La renovación vital que su culto poético produce; es decir, su misión salvadora en la existencia del poeta, es la de legitimar aquel cambio de perspectiva sobre la cultura y el mundo que la lógica del deseo supone, y que la proliferación de los fantasmas femeninos anteriores había oscuramente apuntado como objetivo final del trabajo inventivo de Dante. Esta nueva perspectiva, centrada en una subjetividad que, deseando, se libera del peso de las convenciones ideológicas para otorgar su personal sentido a las cosas, permite transformar en experiencia íntima y propia, inmanente a la propia existencia del sujeto, todo aquello que los discursos del poder y la tradición presentan como elementos ajenos a él, externos a su vida. Acceso místico a la alteridad de la existencia, apropiación personal del espacio sagrado (o "consagración de lo profano", según Domenico de Robertis), la poesía de Dante apunta, sobre todo, a una religión de la libertad del individuo humano (como bien ha visto, analizando el peculiar enfoque astrológico del Convivio, Alain de Libera). Lo cual supone, en una dimensión general o metodológica, neutralizar el principio externo de autoridad y fundamentar en la expresión poética la autonomía personal del sujeto. Éste, construyendo su propia historia existencial mediante el deseo, puede percibirse a sí mismo como un conjunto integrado de actividades materiales (sensibilidad y memoria) y espirituales (racionalidad e intelecto), superando finalmente el dualismo platónico-agustiniano de la cultura teológica tradicional, y liberando a la subjetividad del yugo dogmático que tal dualismo suponía. La integración de la persona humana, en su autonomía y dentro de un cosmos perfectamente ordenado, es el objetivo metafísico que Dante se propone conseguir por medio del mito poético de Beatriz (en una línea filosófica paralela a la antropología aristotélica de Tomás de Aquino), y que encontrará su cumplida realización en la Commedia, de la cual la Vida nueva puede ser considerada como la premisa estético-metodológica.

Referencia bibliográfica

Alain de Libera (1991). Penser au Moyen âge (pág. 246-298). París: Seuil.

Es cierto que, como los fantasmas femeninos de los trovadores, Beatriz también es el producto arbitrario de una imaginación extraviada por el deseo. Sin embargo, sublimándola en objeto de culto, sacralizando las modificaciones que ella ha producido en su propio ser, Dante la depura de las escorias patológicas que enturbiaban aquellos fantasmas y suaviza la exacerbada y destructiva pasión que los mejores líricos anteriores (por encima de todos, Guido Cavalcanti) habían indicado como el auténtico y alienante contenido del amor. Su muerte, y el potentísimo efecto de realidad que, gracias al duelo, adquiere el fantasma del deseo, enriquecen el simbolismo de Beatriz de una soteriología erótica que orienta positivamente la existencia del poeta, reconstruyendo su vida moral y su identidad personal según la lógica de un deseo asumido como vitalmente sano, y legitimado como derecho del hombre a la búsqueda, inmanente no menos que trascendente, de la felicidad. El joi que los trovadores habían intuido como premisa y finalidad del amor, aquel ambiguo territorio en el cual el yo poético intentaba construirse, en precario equilibrio entre la culpa y el goce, puede convertirse ahora en salute, o sea, salvación y felicidad. En tanto que donna de la salute, Beatriz dispensa una y otra a quienes se hayan desprendido del dogmatismo inauténtico que opone como incompatibles el bienestar del cuerpo y el del alma, y se atrevan a edificar su identidad de persona y su visión del mundo en el fundamento, frágil y poderoso a la vez, del deseo de una mujer.



Henry Holiday, "Dante y Beatriz". 1883

La identidad de Beatriz

Las elucubraciones sobre el registro civil de Beatriz, que apasionan a los críticos a partir de Boccaccio (que la identificó con una tal Bice Portinari, esposa de Simone de Bardi, muerta el 8 de junio de 1290) no dejan de ser anecdóticas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Texto de la Vita nuova

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