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Estudios tematológicos. Ética del deseo y culto a la mujer en la Vita nuova.

Autoría: Raffaele Pinto

La idea de lengua materna


La fórmula sermo maternus aparece por primera vez a comienzos del siglo XII en una crónica de la primera cruzada, Gesta Dei per Francos, de Guiberto de Nogent (1053-1124). El autor la usa para indicar el idioma vulgar (que hablan los laicos) en oposición al latín (que habla con gran soltura el papa Urbano II). Hay que observar que la distinción vulgar/latín no expresa la diferencia entre lenguas funcionalmente equivalentes, sino dos niveles o funciones de lenguaje no homogéneos: el latín es la lengua de hombres cultos que han estudiado (o sea, los clérigos), el vulgar es el idioma de los analfabetos (entre los cuales se incluyen los guerreros que el papa quiere movilizar para la cruzada). Exclusivamente el latín es gramatical, tiene normas y estructuras fijas (y por lo tanto es lingua, en singular). El vulgar es comportamiento expresivo aleatorio, o sea, agramatical y sumamente variable (y por lo tanto está hecho de idiomata, en plural).

Referencias bibliográficas

Sobre la historia del concepto de lengua materna, podéis consultar las obras siguientes:

Leo Spitzer (1940). "Muttersprache und Muttererziehung". Monatshefte für deutschen Unterricht (núm. 36, pág. 113-130).

Jean Batany (1982, mayo). "L'amère maternité du Français médiéval". Langue Française (núm. 54, pág. 29-39).

Sobre la interesante personalidad de Guiberto (es autor también de una autobiografía, De vita sua, en la cual vuelve a utilizar la expresión "sermo maternus"), podéis consultar las obras siguientes:

Georges Duby (1981). Le chevalier, la femme et le prêtre (cap. I y VIII). París: Hachette.

Reto Bezzola (1984). Les origines et la formation de la littérature courtoise en occident (II parte, pág. 468-469). Ginebra-París: Librairie Honore Champion.

Sobre la distinción entre lingua e idioma en la Edad Media, podéis consultar la siguiente obra:

Emma Martinell Gifre, Mar Cruz Piñol (ed.) (1996). La conciencia lingüística en Europa. Testimonios de situaciones de convivencia de lenguas (s. XII-XVIII) (pág. 161-165). Barcelona: PPU.


La aparición del concepto de lengua materna (en el sentido que acabo de precisar de idioma vulgar) es contemporánea a la aparición de las primeras literaturas vulgares en Francia, es decir, la épica francesa y, sobre todo, por su alto nivel de madurez formal e ideológica, la lírica provenzal. Hay que situarse en la cultura de la época, en la cual el prestigio lingüístico está muy vinculado a la escritura, para apreciar la relación entre la conciencia lingüística del vulgar y su uso literario. En el marco de una reflexión sobre la historia sexual de la literatura y la mentalidad, el elemento quizás más claro para percibir el final de una civilización y el comienzo de otra es que las lenguas europeas modernas, en el momento en que adquieren dignidad literaria, son pensadas como femeninas, o maternas, para distinguirlas de la lengua que hasta entonces se había usado para hacer literatura. Y esta lengua nunca había sido definida como lengua materna. La expresión que se usa normalmente para identificar el latín, en época romana, es la de

sermo patrius
, que sería equivocado traducir como "lengua paterna", porque del sustantivo pater proceden dos adjetivos: patrius, que remite al sentido público e institucional de la paternidad, como en las expresiónes patrimonium o patria potestas, y paternus, que remite al contenido personal y afectivo de la paternidad. Mater, en cambio, produce el único adjetivo maternus, porque en la sociedad patriarcal la mujer no es sujeto de derechos, y mucho menos de funciones públicas y políticas. Por lo tanto sermo patrius, "lengua del padre", denomina el latín en tanto que lengua del estado, instrumento expresivo público al cual tienen acceso los que pueden permitirse el aprendizaje escolar y pueden ejercer actividades de tipo intelectual.

Referencias bibliográficas

Sobre la diferencia semántica y jurídica entre los términos patrimonium y matrimonium, podéis consultar:

Emile Benveniste (1969). Le vocabulaire des institutions indo-européenne. París.

Sobre la evolución de la condición jurídica de la mujer en el matrimonio durante el imperio y sobre la lenta atenuación de la dura relación de poder que la subordina al marido, podéis consultar las obras siguientes:

Giovanni Pugliese (1992). "Il diritto privato". En: Storia di Roma. 2 - L'impero mediterraneo. III - La cultura e l'impero (pág. 153-210, en particular, pág. 173). Turín: Einaudi.

Feliciano Serrao (1993). "Il diritto e il processo privato". En: Storia di Roma. 3 - L'ètà tardo antica. II - I luoghi e le cultura (pág. 1.021-1.025). Turín: Einaudi.

No abordo aquí la cuestión de si el latín era o no, en la Roma antigua, lengua de uso familiar y popular. Desde el año 1435, cuando tal cosa por primera vez se planteó en los círculos humanistas italianos, los historiadores de las lenguas románicas siguen preguntándoselo. El concepto, tan discutible en su misma formulación, de "latín vulgar", ha servido y sirve aún hoy en día para evitar una respuesta clara a la cuestión. Lo que en cambio quiero subrayar aquí es que lengua del padre y lengua de la madre, lengua masculina y lengua femenina, latín y vulgar, implican dos maneras radicalmente distintas de entender y usar el lenguaje. La diferencia cultural, o incluso antropológica, entre latín y vulgar, aparece muy claramente en la definición que de ellos dio Dante (1265-1321) en el primer capítulo del De Vulgari Eloquentia, tratado en dos libros escrito en los primeros años del siglo XIV:

Dicimus quod vulgarem locutionem appellamus eam qua infantes assuefiunt ab assistentibus, cum primitus distinguere voces incipiunt; vel, quod brevius dici potest, vulgarem locutionem asserimus, quam sine omni regula nutricem imitantes accipumus. Est et inde alia locutio secundaria nobis, quam Romani gramaticam vocaverunt... ad habitum vero huius pauci perveniunt, quia non nisi per spatium temporis et studii assiduitatem regulamur et doctrinamur in illa. Harum quoque duarum nobilior est vulgaris: tum quia prima fuit humano generi usitata; tum quia totus orbis ipsa perfruitur, licet in diversas prolationes et vocabula sit divisa; tum quia naturalis est nobis, cum illa potius artificialis existat.

[Llamo lengua vulgar aquella lengua a la cual los niños están acostumbrados por sus familares, cuando empiezan a distinguir las palabras; o, dicho con otras palabras, llamo lengua vulgar aquella lengua que aprendemos de la nodriza sin ninguna regla. Tenemos además otra lengua secundaria, que los Romanos llamaron gramática... pocos llegan al dominio de esta lengua, ya que no se puede aprender sin un largo estudio. De estas dos lenguas, la más noble es la vulgar, porque fue la primera que usó el género humano, porque todo el mundo se sirve de ella –aunque esté dividida en varias pronunciaciones y palabras– y porque es natural en nosotros, mientras la otra es más bien artificial.]

Dante Alighieri. De vulgari eloquentia.

Queda muy clara aquí la distinción entre lengua de la familia, o vulgar, y lengua de la escuela, o gramática (en la Europa medieval católica, el latín). La primera es natural y universal (y está dividida en una pluralidad de idiomas); la segunda es artificial y está reservada a pocos. Si se considera, además, que el vulgar es un lenguaje fundamentalmente oral, y sólo secundariamente escrito (hasta el siglo XII la documentación del vulgar en la Romania es fragmentaria y episódica), mientras que el latín es lengua fundamentalmente escrita, y sólo secundariamente hablada (por lo menos a lo largo de la Edad Media), tenemos la posibilidad de distinguir lo masculino y lo femenino (en el lenguaje y la historia) de esta manera:

Masculino

Femenino

Gramaticalidad

Escritura

Latín

Patriarcado

Antigüedad

 

 

 

 

[1100]

Expresividad

Oralidad

Vulgar

Matriarcado

Modernidad

Indico el año 1100 como punto terminal de la Antigüedad e inicial de la modernidad porque es la fecha (aproximada) en la que Guillermo IX de Aquitania (1071-1126) empezó a componer sus canciones (Reto Bezzola, op. cit., pág.

Hay que añadir también que la lengua escrita y la lengua oral se aprenden en formas e instituciones muy diferentes:

la lengua escrita se transmite de forma patrilineal
(de hombre a hombre en la escuela), mientras que la lengua oral se transmite de forma matrilineal (de mujer a mujer en la familia). Que las mujeres "puedan" participar en la escritura (si tienen acceso a la enseñanza), y los hombres "deban" participar en la oralidad (cuando de niños aprenden a hablar), no cambia la realidad sustancial de estas dos formas de expresión verbal: genéricamente masculina la escritura, y genéricamente femenina la oralidad. En el plano lingüístico, el paso del patriarcado al matriarcado se da cuando el concepto ideológicamente fuerte de lengua ("lengua" en tanto que instrumento de cultura) deja de asociarse a la expresión escrita para asociarse a la expresión oral. Este cambio de perspectiva significa el paso de una concepción
diglósica
del lenguaje (o sea personal y socialmente escindida) a una concepción monolingüe (o sea personal y socialmente integrada).

El tratado de Dante, y en general la reflexión sobre el lenguaje del conjunto de su obra, tienen una gran importancia en la historia de la cultura lingüística europea, ya que representan la primera teorización de la superioridad cultural del vulgar (en tanto que lengua hablada y natural) sobre el latín (en tanto que lengua escrita y artificial). La formulación que usa el escritor, "locutionem [...] quam sine omni regula nutricem imitantes accipimus", manifiesta además la clara conciencia de que esta nueva cultura lingüística es femenina por el canal mediante el cual se transmite: son las mujeres las que enseñan el uso del lenguaje natural, y la lengua que un niño aprende es, por lo tanto, un lenguaje de mujer.

El paso siguiente en la promoción del prestigio cultural de la lengua materna se produce cuando el estado, en sus niveles de máxima autoridad, abandona la gramática como lengua propia y adopta el vulgar. La fecha más importante de este proceso es 1539, cuando, con la ordenanza de Villers-Cotterets, el rey de Francia Francisco I ordenaba que en los tribunales del Languedoc "tous arrests, ensemble toutes autres procedures [...] soient prononcez, enregistrez et delivrez aux parties en langaige maternel français et non autrement" ("todas las detenciones y demás procedimientos sean pronunciados, escritos y remitidos a las partes en lengua materna francés"). La paradoja del francés presentado como lengua materna a los occitanos (que tenían como lengua materna el provenzal) refleja, desde luego, el centralismo del estado que impone una sola lengua en un territorio donde se hablan muchas. Sin embargo, en la perspectiva de este estudio, el elemento significativo no es el conflicto potencial que se desencadena entre lenguas maternas distintas para la hegemonía sobre un mismo territorio (que es un conflicto interno a la modernidad análogo al que se da, en el plano económico o político, entre estados y naciones o en su interior). El elemento significativo, para apreciar el contenido genéricamente femenino de la cultura lingüística moderna, es el hecho de que el estado defina su lengua propia como materna, indicando, con esta expresión, su carácter primordialmente oral y no escrito (como el latín que los jueces se obstinaban en usar en los juicios y en contra de los cuales iba dirigida la ordenanza).

Uso del francés antes del edicto de Villers-Cotteret

Lorenzo Renzi, en La politica linguistica della rivoluzione francese (Nápoles, 1981, pág. 45-57), analiza los documentos y decretos sobre el uso del francés anteriores al edicto de Villers Cotteret, y sus controvertidas interpretaciones a lo largo del siglo XVI. El concepto de lengua materna aparece en el primero de ellos (la "ordonnance" de Moulins de Carlos VIII, del 28 de diciembre de 1490, que afecta "le pays de Languedoc": "Les dits et dépositions des témoins [...] seront mis ou redigés en langage françois ou maternel" ("las palabras y deposiciones de los testigos [...] serán transcritas en lengua francesa o materna", o sea, occitano). Obsérvese que aquí la lengua materna es el occitano, que se distingue horizontalmente del francés en tanto que lengua local (ambas lenguas se oponen verticalmente al latín en tanto que vulgares). Cuando, con el edicto de 1539, se reformula verticalmente la relación entre las dos lenguas vulgares (el francés se opone, como lengua nacional y de prestigio, al patois local) la idea de lengua materna es atraída por el polo lingüístico superior, la lengua del estado, y no el dialecto local.

Escritura subordinada a la oralidad

Por lo que afecta a la escritura, el cambio de mentalidad lingüística que la subordina a la oralidad hace que ella se personalice, se convierta en instrumento de expresión (o incluso construcción) individual. Que la literatura en lengua materna sea, inicialmente, la lírica, la cual tiene como su tema casi exclusivo el deseo sexual, significa precisamente la nueva función personal de la escritura. Mientras en la Antigüedad patriarcal la escritura es un oficio (y por lo tanto no es existencialmente necesaria), en la modernidad matriarcal la escritura es una necesidad (moral antes que cultural) para todo el mundo.



Guilhèm de Peitieus. Bibliothèque Nationale, MS cod. fr. 12473

Entre los siglos XII y XVI la lengua materna se usa primero como lengua literaria (Guillermo de Aquitania) y aflora como concepto en la reflexión de los escritores (Guiberto de Nogent); se convierte después en comportamiento lingüístico culturalmente positivo, en tanto que naturalidad expresiva frente a la artificialidad de la "gramática" (Dante); se impone finalmente en la sociedad como lengua del estado (Francisco I). Hay que entender bien que de lo que se trata no es de sustituir una lengua (el latín) con otra lengua (el vulgar), sino pasar de una cultura lingüística a otra: la primera, antigua, basada en el aprendizaje escolar, y la segunda, moderna, basada en la comunicación familiar.

Obsérvese que el modelo antiguo es necesariamente diglósico, porque implica dos formas de lenguaje distintas, una para la comunicación oral y doméstica y otra para la expresión literaria y culta, mientras el modelo moderno es potencialmente monolingüe, porque implica una única forma de lenguaje, por muy diferentes que sean sus registros de uso. Pero lo que sobre todo importa es que la lengua del padre es un espacio expresivo escindido, funcional al modelo patriarcal en tanto que lengua pública o de estado, sin relación necesaria con la lengua, o las lenguas, habladas por las personas. La lengua de la madre, en cambio, es un espacio expresivo integrado, funcional al modelo matriarcal en tanto que lengua del sujeto o de la persona, con la cual necesariamente debe coincidir la

lengua escrita y del estado
. A la idea de la lengua como patrimonio que se transmite según la línea masculina, la modernidad sustituye la idea de la lengua como herencia matrilineal: no una norma externa a la experiencia individual que se aprenda artificialmente en la escuela, sino una libre expresividad personal cuyo ejercicio dona naturalmente la madre en el amor.

El amor cortés, origen de la emancipación femenina

El aspecto más sugestivo y metodológicamente modélico del estudio citado de Simone de Beauvoir es la intuición que la historia de la emancipación femenina tiene su remoto origen en el amor cortés, la invención trovadoresca que sacralizó idealmente a la mujer y al deseo hacia ella. Aunque no cambió inmediatamente la condición social de las mujeres, el amor cortés abrió paso por un lado a la tratadística filógina de los hombres, y por el otro a la cultura feminista de las mujeres (op. cit., pág. 163 y siguientes). El nudo entre lengua materna, deseo sexual y subjetividad individual (formada y percibida, por el poeta, en el espejo de una mujer adorada como objeto religioso), hace de los trovadores los auténticos iniciadores de la modernidad y del matriarcado. Creo, además, que desviaciones tan característicamente modernas del comportamiento sexual masculino, como son el donjuanismo (cuyo primer paradigma literario fue el personaje de Tirso de Molina) y la violación (que el patriarcado entiende como delito en contra del hombre poseedor de la mujer, mucho más que como crimen en contra de la mujer violada), sólo se explican a partir de aquella sacralización (que hoy en día se presenta, en una degradada forma mercantil, como culto a la imagen sexual del cuerpo femenino). En la conquista del donjuán y en la agresión del violador se manifestaría (con estrategias obviamente diferentes, más intelectualmente refinada en el primer caso, más salvajemente primitiva en el segundo) el impulso profanador hacia el objeto sagrado de conciencias premodernas, en las cuales sigue activa una mentalidad patriarcal no resignada al cambio de civilización.

En esta libre expresividad vemos, finalmente, la función culturalmente necesaria de la lengua materna: orientar subjetivamente, por medio de la interiorización de la alteridad lingüística femenina, la experiencia del lenguaje, que sólo en tanto que materno (o sea, existencialmente originario), puede ser advertido como campo expresivo integrado (en oposición antropológica con la escisión diglósica implícita en la idea antigua de "sermo patrius").

Lengua patois

La supervivencia de los dialectos (en el sentido de patois, lenguas locales y sin prestigio respecto a la lengua de estado y de cultura), sobre todo en Italia pero también en el resto de Europa, es el reflejo de modernizaciones imperfectas, de procesos de integración lingüística no acabados. En efecto, sólo es en el ámbito de la familia, o sea, en la dimensión de la lengua materna, donde la integración lingüística nacional puede cumplidamente llevarse a cabo. Obsérvese la metáfora familiar que usa Gregoire, en su relación a la Convención Nacional (6 de junio de 1794), para expresar la necesidad de "anéantir les patois et d'universaliser l'usage de la langue française": "Il faut [...] que l'unité de la langue entre les enfants de la même famille [Francia] éteigne les restes des préventions résultantes des anciennes divisions provinciales et resserre les liens d'amitié qui doivent unir des frerès".

Como la sexualidad no finalizada en la reproducción (el placer de la imaginación) y la violencia no basada en la fuerza física (el control de las pasiones) son principios de introversión de la actividad humana moral y socialmente significativa, así la lengua materna como ideal de naturalidad expresiva es un principio de interiorización de la función verbal (o sea, de apropiación personal del lenguaje), que para los hombres, penetrados desde su nacimiento por la lengua materna, sólo puede ser experiencia, y tal vez conciencia, de una alteridad que anida en su propio corazón, de una íntima dependencia del Otro incompatible con la autovaloración genérica. En tanto que lingüísticamente femenina, la alteridad originaria impide la

autoidentificación del sujeto masculino
por mediación de su propia sexualidad (autoidentificación sexual que parece obligatoria, en cambio, y por el mismo motivo, en el sujeto femenino). Sin embargo, es justamente en el fragilísimo fundamento imaginario de esta alteridad femenina, interiormente alimentada por el lenguaje y el deseo, donde los hombres pueden, modernamente, edificar su identidad y reconocerse como personas, al margen y por encima de cualquier adscripción a grupos o ideologías predeterminadas. La pérdida de la identidad genérica, vinculada a los atributos sexuales masculinos, es condición necesaria, en ellos, para la conquista de la identidad personal, y fundamento, en el plano social y colectivo, del orden democrático.

Referencia bibliográfica

Sobre las implicaciones "metafísicas" y filosóficas de la lengua materna, podéis consultar:

Luisa Muraro (1991). L'ordine simbolico della madre. Roma: Editori reuniti [trad. esp. (1995). El orden simbólico de la madre. Madrid: Horas y horas].

Referencia bibliográfica

Sobre estos temas, podéis consultar mi estudio "La donna come alterità lingüística", en: Sergio Zatti (cur.) (1998). La rappresentazione dell'altro nei testi del Rinascimento (pág. 13-32). Lucca: Maria Pacini Fazzi Editore.

 

Texto de la Vita nuova

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