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Estudios tematológicos. Ética del deseo y culto a la mujer en la Vita nuova.

Autoría: Raffaele Pinto

Fundamento psicológico


Uno de los axiomas más populares de la teoría freudiana (el complejo de Edipo) considera el triángulo de deseo formado por el hijo, la madre y el padre como la estructura psíquica que subyace al desarrollo mental humano tanto del individuo como de la especie. En su versión más elemental, el padre y el hijo se disputan a la esposa-madre, objeto del deseo de ambos, en una lucha simbólica en la cual el amor hacia la mujer está constantemente mediatizado por las relaciones de odio entre los dos varones: el odio edípico del hijo hacia el padre, por un lado, la prohibición del incesto y la amenaza de castración del padre hacia el hijo, por el otro. Pero tanto el amor como el odio se disfrazan de mil maneras, en el psicodrama que describe Freud, ya que la dicotomía de la mente (yo consciente / ello inconsciente) determina la posibilidad de sustituir simbólicamente con cualquier cosa o persona a los objetos primarios que han desencadenado los impulsos fundamentales.

Una experiencia muy característica del triángulo de deseo, por su alto grado de ambivalencia entre el amor y el odio, son los celos, que circulan entre los tres actores de la escena edípica adquiriendo, según la perspectiva de cada uno, un matiz distinto. Especialmente importantes, en el desarrollo de la subjetividad, son los celos hacia el padre que Edipo ha desencadenado en el niño, y los consiguientes sentimientos de culpabilidad que dan lugar a las fantasías de castración, que a su vez se reconvierten en energía positiva destinada al control de los impulsos. De esta manera la figura paterna, en un primer momento odiada y temida, asume una función mediadora del deseo del sujeto, o sea, de principio interno de autoridad que selecciona y legitima en el plano moral los objetos hacia los cuales el deseo se orienta.

Se consideran, en particular, estas observaciones:
[...] la horda fraterna abrigaba con respecto al padre aquellos mismos sentimientos contradictorios que forman el contenido ambivalente del complejo paterno en nuestros niños y en nuestros enfermos neuróticos. Odiaban al padre que tan violentamente se oponía a su necesidad de poderío y a sus exigencias sexuales, pero al mismo tiempo le amaban y admiraban. Después de haberle suprimido y haber satisfecho su odio y su deseo de identificación con él, tenían que imponerse en ellos los sentimientos cariñosos antes violentamente dominados por los hostiles. A consecuencia de este proceso afectivo surgió el remordimiento y nació la conciencia de la culpabilidad, confundida aquí con él, y el padre muerto adquirió un poder mucho mayor del que había poseído en vida...

S. Freud. Totem y tabú (pág. 1839).

Pero igualmente importantes son los celos del padre hacia la madre, el sentimiento de propiedad hacia la mujer que determina la prohibición del incesto (con las implicaciones mítico-religiosas que Freud describe en Totem y tabú). El desarrollo histórico de las sociedades humanas, y en particular el asentamiento del patriarcado, tiene sus fundamentos ancestrales justamente en los

celos
. El esquema edípico, por otra parte, se sobrepone, traduciéndolo en sus términos, a cualquier relación afectiva en la cual existan tensiones de deseo, incluso fuera del círculo familiar primario.

Triangulación edípica de Rousseau

Sorprendentemente explícitos son los mecanismos de la triangulación edípica en Rousseau, que así los describe, en el acto mismo de celebrar su superación, cuando describe la pena que suscitó en él el descubrimiento que Maman (Mme. de Warens) tenía un amante (Confessions, V):

Je n'appris pourtant pas sans peine que quelqu'un pouvait vivre avec elle dans une plus grande intimité que moi. Je n'avais pas songé même à désirer pour moi cette place; mais il m'était dur de la voir remplir par un autre, cela était fort naturel. Cependant, au lieu de prendre en aversion celui qui me l'avait soufflée, je sentis réellement s'étendre à lui l'attachement que j'avais pour elle. Je désirais sur toute chose qu'elle fût heureuse; et, puisqu'elle avait besoin de lui pour l'être, j'étais content qu'il fût heureux aussi. De son côté, il entrait parfaitement dans les vues de sa maîtresse, et prit en sincère amitié l'ami qu'elle s'était choisi. Sans affecter avec moi l'autorité que son poste le mettait en droit de prendre, il prit naturellement celle que son jugement lui donnait sur le mien. Je n'osais rien faire qu'il parût désapprouver, et il ne désapprouvait que ce qui était mal. Nous vivions ainsi dans une union qui nous rendait tous heureux, et que la mort seule a pu détruire. Une des preuves de l'excellence du caractère de cette aimable femme est que tous ceux qui l'aimaient s'aimaient entre eux. La jalousie, la rivalité même cédait au sentiment dominant qu'elle inspirait, et je n'ai vu jamais aucun de ceux qui l'entouraient se vouloir du mal l'un à l'autre. Que ceux qui me lisent suspendent un moment leur lecture à cet éloge; et s'ils trouvent en y pensant quelque autre femme dont ils puissent en dire autant, qu'ils s'attachent à elle pour le repos de leur vie (fût-elle au reste la dernière des catins).

Frente a la evidencia de estos procesos en la psicología del niño varón, resulta más compleja, y oscura, la formación de la personalidad femenina, según Freud. La falta del pene, vivida como una amputación, hace que la castración sea para la niña no una amenaza a la cual hay que escapar, como para el niño, sino un destino que hay que asumir, lo cual abre vías de desarrollo diferentes, a partir de cierto momento, en los dos pequeños. La inexistencia de simetría y analogía entre las experiencias edípicas de los dos sexos plantea no pocos problemas a la hora de definir con exactitud el papel de los celos en la psicología de las mujeres. Por un lado, la envidia del pene que el descubrimiento de su castración despierta en la niña hace que "la envidia y los celos desempeñen en la vida anímica de la mujer una función mayor que en la del hombre" (Nuevas lecciones..., pág. 3172).

Referencia bibliográfica

La feminidad es "un enigma", según las Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis. En S. Freud (1997). Obras completas (vol. 8, pág. 3.165). Madrid: Biblioteca Nueva.

Por el otro, esta misma función dominante impide que la envidia y los celos se conviertan en energía libídica al servicio del super-yo, o sea, de las instancias morales y sociales:

El hecho de que hayamos de atribuir a la mujer un escaso sentido de la justicia depende, quizás, del predominio de la envidia en su vida anímica, pues la exigencia de justicia es una elaboración de la envidia y procura la condición bajo la cual es posible darle libre campo. Decimos también de las mujeres que sus intereses sociales son más débiles y su capacidad de sublimación de los instintos menor que las de los hombres.

Nuevas lecciones... (pág. 3177).

Uno de los elementos más discutidos, de la concepción freudiana relativa a la sexualidad femenina, y por lo tanto más vivos en el debate sobre el psicoanálisis, es la distinción entre unos impulsos activos, vinculados con la masturbación clitoridiana, que tienen como objeto a la madre, y que constituirían una fase fálica preedípica análoga a la del niño, y unos impulsos pasivos, vinculados con la sexualidad vaginal, y que tienen como objeto al padre, que constituirían la fase edípica que da lugar a la interiorización del modelo de comportamiento femenino "normal":

El desprendimiento de la madre es un paso importante en el desarrollo de la niña e implica mucho más que un mero cambio de objeto. Ya hemos descrito cómo se produce y cuáles son las múltiples motivaciones que se aducen para explicarlo; agregamos ahora que se observa, paralelamente con el mismo, una notable disminución de los impulsos sexuales activos y una acentuación de los pasivos. Es cierto que los impulsos activos han sido más afectados por la frustración, pues demostraron ser totalmente irrealizables y, por tanto, fueron más fácilmente abandonados por la libido; pero tampoco las tendencias pasivas han escapado a las defraudaciones. Con el desprendimiento de la madre cesa también a menudo la masturbación clitoridiana, y es muy frecuente que la niña pequeña, al reprimir su masculinidad previa, también perjudique definitivamente buena parte de su vida sexual en general. La transición al objeto paterno se lleva a cabo con ayuda de las tendencias pasivas, en la medida en que hayan escapado al aniquilamiento.

S. Freud (1983). Tres ensayos sobre teoría sexual (pág. 135). Madrid: Alianza Editorial.

Habiéndose equiparado lo femenino con las tendencias pasivas, y siendo en cambio la identificación activa con el padre el fundamento del super-yo masculino, los celos resultan poco productivos en el proceso de interiorización del modelo sobre el cual se fundamenta la identidad femenina. En lo que respecta a la mediación femenina del deseo, la reflexión freudiana presenta grandes lagunas que la crítica feminista no ha dejado de denunciar.

Lecturas complementarias

Podéis consultar, por ejemplo, el polémico y clásico ensayo de Luce Irigaray, Speculum, de 1974. Recientes desarrollos de la teoría feminista, sin embargo, han retomado la idea freudiana de una mayor presencia de la envidia (o sea de la tendencia a preferir la verdad del otro a la propia) en la mujeres, pero interpretándola no como falta de sentido de la justicia, sino como apertura de la mente femenina hacia el exterior, disponibilidad del yo a salir de sí mismo (tal como aparece, de manera ejemplar, en la experiencia mística).

También podéis consultar Luisa Muraro (1996). Nuestra capacidad común de infinito, en Traer al mundo el mundo (pág. 79-94). Barcelona: Icaria.


 

Texto de la Vita nuova

Texto de la Vita nuova

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